Lo que dice la ficha, sin adornos
25 cm de altura, 7 zonas, núcleo HR y funda Tencel desenfundable. Lo que el proveedor no publica —densidad, capas, firmeza— está señalado como tal en la ficha técnica.
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90 segundos para entender la diferencia.
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Comparativa de materiales, no de marcas. Aquí no hay precios de la competencia porque no tenemos forma de verificarlos.
| Viscoelástica | Muelle ensacado | Látex | |
|---|---|---|---|
| Cómo responde al peso | Se reblandece con el calor y la presión y cede despacio | Cada muelle se comprime por separado y devuelve empuje | Cede y recupera la forma casi al instante |
| Alivio en hombro y cadera | Es su punto fuerte: aumenta la superficie de contacto | Menor: sostiene más de lo que envuelve | Intermedio, con sensación más elástica |
| Movimiento del otro lado de la cama | Casi no se transmite | Se nota poco si los muelles son independientes de verdad | Se transmite algo más |
| Ventilación | La más justa: el aire circula peor dentro de una espuma | La mejor: hay aire entre los muelles | Buena, sobre todo si el bloque va perforado |
| Al cambiar de postura | Tarda un momento en soltar la huella | Respuesta inmediata | Respuesta inmediata |
| Peso y manejo | Alto: girarlo suele ser cosa de dos personas | Alto | El más pesado de los tres |
| Qué suele fallar antes | Hundimiento permanente si la espuma es de poca calidad o la base no acompaña | Muelles que chirrían o pierden recorrido; acolchado apelmazado | Endurecimiento y grietas superficiales con los años |
Comparativa cualitativa por tipo de material. No incluye datos de marcas concretas porque no disponemos de ensayos propios ni de fichas técnicas de terceros que podamos contrastar.
Las filas marcadas como «no publicada» son datos que el proveedor no facilita. Preferimos dejarlo escrito antes que rellenar la tabla con cifras que no podemos sostener.
No hemos hecho ensayos de laboratorio ni pruebas de durabilidad propias. Lo que sigue son condiciones de venta y características declaradas, no resultados de una prueba.
25 cm de altura, 7 zonas, núcleo HR y funda Tencel desenfundable. Lo que el proveedor no publica —densidad, capas, firmeza— está señalado como tal en la ficha técnica.
El envío parte de almacén en territorio español, sin trámites de aduana. El plazo habitual en península es de 24-48 h cuando la referencia está disponible.
El derecho de desistimiento son 14 días naturales desde que lo recibes, sin justificar y aunque lo hayas desprecintado. No es una promoción nuestra: es la ley.
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Cuatro condiciones concretas, y ninguna de ellas es un eslogan.
Península en 24-48 h desde almacén en España. Baleares y Canarias, 3-5 días. El plazo cuenta desde que la referencia vuelve a estar disponible.
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Tres años de garantía legal de conformidad desde la entrega (RDL 7/2021) y 14 días naturales de desistimiento sin justificar.
Atención por WhatsApp de 9:00 a 21:00. Fuera de ese horario contestamos al día siguiente.
Una sola modalidad: compra única. Un colchón no se vende por suscripción mensual, así que hemos retirado esa opción y el pack combo que aparecían aquí.
Una unidad. Lo que ves es lo que recibes.
Esta referencia está en preparación. Deja tu correo y te escribimos en cuanto se pueda pedir, sin insistir ni mandarte nada más.
Pago por pasarela bancaria · Envío gratis península · 14 días de desistimiento
Sin ensayos propios que enseñarte, esto es lo que sí podemos explicarte.
Si llega enrollado y comprimido, llévalo hasta la habitación antes de abrirlo: una vez suelto ya no vuelve a caber en la caja. Corta el plástico con cuidado, sin cuchilla profunda.
Los fabricantes suelen pedir entre 24 y 72 horas para que recupere su altura, y a veces algunos días más en frío. El olor inicial de una espuma recién abierta se va ventilando la habitación.
El cuerpo tarda en acostumbrarse a una superficie distinta. Cuentas con 14 días naturales para desistir, así que anota cómo duermes esos primeros días y decide con datos, no con la primera noche.
Esta ficha mostraba hasta hoy una nota media, un recuento de opiniones y tres testimonios firmados con nombre y ciudad. Nada de aquello correspondía a compradores reales: eran texto de plantilla, y lo hemos retirado. No tenemos ningún sistema de valoraciones detrás de este producto, tampoco pruebas de laboratorio propias.
Cuando existan opiniones verificables se publicarán indicando de dónde salen y cuántas son. Mientras tanto, lo único que puedes usar para decidir son las características declaradas por el proveedor, lo que explicamos más abajo sobre este tipo de colchón y los 14 días que la ley te da para probarlo en tu casa.
Aquí había un bloque que describía controles de calidad y una trazabilidad por lotes que no podemos sostener, y lo hemos retirado. Lo que sí es cierto: el pedido se prepara y se expide desde almacén en España, y si el producto llega dañado o no se corresponde con lo descrito, entra en la garantía legal de conformidad de 3 años y puedes reclamar.
Tres artículos del blog para decidir con más criterio.
Qué mirar en una almohada viscoelástica y cómo combinarla con el colchón para que la cabeza quede a la altura correcta.
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Las diferencias reales entre los dos sistemas y en qué casos conviene cada uno según peso, postura y temperatura de la habitación.
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Qué altura de almohada encaja con un colchón envolvente si duermes boca arriba, y qué pasa si te sobra grosor.
Leer artículoRespuesta corta: la viscoelástica es una espuma de poliuretano modificada para que se reblandezca con el calor y la presión del cuerpo y recupere su forma despacio cuando dejas de apoyarte. Esa lentitud es lo que la separa de cualquier otra espuma: en lugar de devolverte empuje, se aparta. El efecto práctico es que el peso se reparte sobre más superficie de contacto en vez de concentrarse en hombro y cadera.
El material se desarrolló en los años sesenta en el entorno de la investigación aeroespacial para amortiguar asientos, y llegó al descanso doméstico bastante después. De ahí viene el eslogan de la «espuma de la NASA», que a estas alturas no dice nada sobre la calidad de un colchón concreto: la viscoelástica que compras hoy puede ser excelente o mediocre, y el nombre es el mismo en los dos casos.
De cómo funciona el material se deducen dos consecuencias que casi nadie te cuenta en la tienda. La primera: depende de la temperatura. En una habitación fría la superficie está más dura los primeros minutos y se va ablandando conforme tu calor la alcanza. La segunda: no empuja. Si eres de los que cambian de postura muchas veces por noche, notarás que hay que «salir» de la huella antes de acomodarte otra vez, y a algunas personas eso les molesta.
El muelle ensacado lleva cada muelle metido en una bolsita de tela, de manera que trabajan de forma independiente. Sostiene bien, deja pasar el aire entre los muelles y responde al instante cuando te giras. A cambio, envuelve menos: si duermes de lado y tienes el hombro sensible, notarás más presión que sobre una viscoelástica equivalente.
El látex es el tercero en discordia. Recupera la forma casi al instante, aguanta bien el paso de los años y da una sensación elástica que no se parece a la de la viscoelástica: te sostiene, no te envuelve. Su gran pega es el peso; girar un colchón de látex de plaza y media es un trabajo de dos personas. Conviene distinguir el látex natural del sintético, y desconfiar de las fichas que dicen «látex» a secas sin indicar el porcentaje.
Ninguno de los tres materiales es mejor en abstracto. La pregunta útil no es cuál gana, sino cuánto pesas, en qué postura duermes y cuánto calor pasas por la noche.
Un colchón zonificado no tiene la misma respuesta a lo largo de toda su longitud. Lo habitual es dividirlo en franjas transversales —cabeza, hombros, zona lumbar, cadera, muslos, pantorrillas y pies en el caso de siete— y hacer que cada una ceda de forma distinta. Se consigue de dos maneras: cortando o perforando el núcleo con geometrías diferentes en cada franja, o combinando espumas de distinta dureza.
La idea tiene sentido físico. Tumbado de lado, el hombro necesita hundirse bastante y la cintura necesita que algo la sostenga, porque si no queda un hueco al aire. Un colchón uniforme resuelve mal esas dos exigencias a la vez. Uno zonificado puede resolverlas mejor.
El problema es que «7 zonas» se ha convertido en una casilla de catálogo. Para que las zonas hagan algo tienen que cumplir tres condiciones: que su comportamiento sea realmente distinto y no un corte decorativo; que la franja más blanda caiga donde tú apoyas el hombro, lo que depende de tu altura; y que la anchura del colchón no obligue a dos personas de estaturas muy distintas a compartir el mismo mapa. Un reparto pensado para 1,80 m no encaja igual en alguien de 1,55 m.
Cómo comprobarlo antes de comprar: la ficha debe decir qué cambia en cada zona. Si solo enumera el número de zonas y no describe qué las diferencia, no hay forma de saber si son funcionales. En el caso de esta referencia, el proveedor declara siete zonas pero no publica en qué consisten, y preferimos decirlo antes que rellenar el hueco con una explicación inventada.
La altura total de un colchón es la suma del núcleo y de las capas de acolchado y confort que lleva encima. Más altura suele significar más material disponible para absorber el peso antes de que notes la base debajo, y eso importa cuanto más pesas y más duermes de lado, porque son las situaciones en las que la superficie se hunde más.
Ahora, la altura por sí sola no mide calidad. Un colchón de 25 cm con un núcleo pobre envejece peor que uno de 20 cm con un núcleo bien resuelto. La altura es una consecuencia del diseño, no una prueba de nada. Cuando una ficha destaca los centímetros y calla la densidad, está enseñándote el dato que le conviene.
Hay tres consecuencias prácticas que conviene mirar antes de pedir un colchón alto:
La viscoelástica retiene más calor que un bloque de muelles, y hay dos motivos. Uno: al envolver el cuerpo, la superficie de contacto es mayor y queda menos piel expuesta al aire. Dos: dentro de una espuma maciza el aire circula peor que entre muelles separados. Si duermes caliente o vives en una zona con veranos duros, este es el punto que más conviene mirar.
Lo que ayuda de verdad: espumas de celda abierta o perforadas, que dejan pasar aire; tejidos de funda pensados para conducir la humedad hacia fuera, como los de fibra de celulosa tipo Tencel o los tejidos técnicos con hilos conductores; y una base que ventile por debajo. Lo que lo empeora: un protector impermeable de plástico, que convierte cualquier colchón en una superficie que no respira, por muy transpirable que sea el núcleo.
Y un detalle que despista a mucha gente: como el material reacciona al calor, el mismo colchón se siente más firme en enero que en agosto. No es que se estropee en invierno; es la física del material.
Si el colchón llega enrollado y comprimido al vacío —lo habitual en venta online por un asunto de logística—, la secuencia es siempre la misma. Sube la caja hasta la habitación antes de abrir nada, porque una vez suelto no vuelve a caber. Colócalo sobre la base con la cara correcta hacia arriba y corta el plástico sin clavar la cuchilla. Los fabricantes suelen pedir entre 24 y 72 horas para que recupere altura, y en habitaciones frías puede tardar algunos días más en llegar a su cota final.
El olor de los primeros días es el residuo de fabricación que queda atrapado en la espuma comprimida. Se disipa ventilando la habitación; no es señal de defecto ni desaparece más rápido tapando el colchón con la funda.
La adaptación del cuerpo es otra cosa y va más despacio: entre dos y cuatro semanas si vienes de un colchón muy distinto. Durante ese periodo es habitual dormir peor algunas noches, sobre todo si pasas de una superficie firme a una envolvente. Lo que no es normal es seguir levantándote peor pasado el mes: eso ya no es adaptación, es firmeza equivocada.
Anota cómo duermes las primeras noches. Cuando llegue el momento de decidir si te lo quedas, tendrás algo más fiable que la sensación de esta mañana.
Sobre el dolor de espalda conviene ser prudente. Un colchón puede resultarte más o menos cómodo, y la comodidad influye en cómo descansas, pero la evidencia disponible no permite afirmar que un tipo concreto de colchón cure o corrija una dolencia. Si tienes dolor persistente en la espalda o en el cuello, lo sensato es que lo valore un profesional sanitario en vez de fiarlo todo al colchón.
Esta es la parte que más devoluciones evita y la que menos se explica. Una espuma no tiene estructura propia: copia la forma de lo que tiene debajo. Si lo que tiene debajo es un somier con láminas anchas y muy separadas, el colchón se deforma a franjas y en pocos meses aparecen ondulaciones permanentes.
Otra cosa que conviene comprobar: que la base tenga la misma medida que el colchón. Un colchón que sobresale por los lados apoya en falso en el perímetro y ahí es donde primero se vence.
Antes de la tabla, una advertencia que ahorra disgustos: la escala de firmeza no está normalizada. No existe una medida oficial que obligue a que la «firmeza media» de una marca coincida con la de otra, ni tampoco una norma que fije qué es un 5 sobre 10. Por eso comparar números de firmeza entre fichas distintas sirve de poco, y por eso los 14 días de prueba en casa pesan más en un colchón que en casi cualquier otra compra.
| Perfil | Qué conviene buscar | Señal de que te has equivocado |
|---|---|---|
| Duermes de lado, complexión ligera | Firmeza media-baja: el hombro y la cadera tienen que hundirse para que la columna no quede en diagonal | Te despiertas con el hombro dormido o con presión en la cadera |
| Duermes de lado, complexión media o alta | Firmeza media, con altura suficiente para que el hundimiento no llegue al núcleo | Notas que «tocas fondo» y te cuesta girarte |
| Duermes boca arriba | Firmeza media o media-alta: el hueco lumbar debe quedar acompañado, no al aire | Metes la mano bajo la cintura y pasa holgada |
| Duermes boca abajo | Firmeza alta: una superficie blanda arquea la zona lumbar toda la noche | Rigidez lumbar al levantarte que cede a media mañana |
| Cambias de postura muchas veces | Materiales de respuesta rápida; la viscoelástica pura te obligará a salir de la huella cada vez | Sensación de estar «atrapado» al girarte |
| Pareja con mucha diferencia de peso | Dos colchones individuales sobre una base doble, o un modelo con caras de firmeza distinta | Uno de los dos se hunde hacia el centro |
Sobre el hueco lumbar hay un truco casero que funciona razonablemente: túmbate boca arriba y desliza la mano bajo la cintura. Si entra con holgura y sobra sitio, el colchón es demasiado firme para ti. Si no entra en absoluto, es demasiado blando. Si entra justa, vas bien.
Un colchón con la capa viscoelástica solo en la cara superior no se voltea: si le das la vuelta acabas durmiendo sobre el núcleo. Lo que sí hay que hacer es girarlo 180 grados en horizontal, cambiando cabecera por pies, para que el desgaste no se concentre siempre en las mismas zonas. Una pauta razonable es cada tres meses durante el primer año y cada seis a partir de entonces.
Sobre la vida útil, los fabricantes suelen hablar de ocho a diez años, pero esa cifra depende del peso que soporta el colchón, de la base sobre la que trabaja y del cuidado. La señal fiable no es la fecha de compra: es un hueco marcado que sigue ahí después de varias horas sin peso encima, o levantarte con molestias que desaparecen cuando duermes en otra cama unos días. Cuando pasa cualquiera de las dos cosas, el colchón ha terminado su trabajo aunque se vea impecable por fuera.
Aquí está la parte incómoda, y es la que distingue una ficha honesta de un folleto. El proveedor declara altura de 25 centímetros, siete zonas, núcleo de espuma HR transpirable, funda Tencel desenfundable y lavable con tratamiento antiácaros, y certificación OEKO-TEX. Esa última llega sin número de certificado, así que desde esta página no hay manera de comprobarla en el registro correspondiente.
Y esto es lo que no aparece por ningún sitio: la densidad de la viscoelástica en kilogramos por metro cúbico, el grosor de la capa viscoelástica, el número de capas y qué hay en cada una, el gramaje del tejido de la funda, un valor de firmeza en escala, las medidas disponibles, el peso del colchón y el nombre del fabricante. Son precisamente los datos con los que se decide si un colchón te encaja.
No los vamos a inventar. Lo que sí tiene sentido es que los pidas por escrito antes de comprar —por WhatsApp o por correo, para que quede constancia— y que guardes la respuesta: si luego el producto no se corresponde con lo que te dijeron, esa conversación forma parte de la información precontractual y te sirve para reclamar.
La garantía legal de conformidad es de 3 años desde la entrega para todas las compras hechas a partir del 1 de enero de 2022, según el Real Decreto-ley 7/2021. Durante los dos primeros años se presume que la falta de conformidad ya existía en el momento de la entrega, de modo que no tienes que demostrar nada; a partir del tercer año la carga de la prueba pasa a tu lado. Ya no existe la vieja obligación de comunicar el defecto en dos meses, y la acción para reclamar prescribe a los cinco años desde que la falta de conformidad se manifiesta.
Qué entra en esa garantía en un colchón: hundimientos que aparecen antes de tiempo y no se recuperan, costuras que se abren, cremalleras que se rompen, medidas que no coinciden con las anunciadas, materiales distintos de los descritos. Qué no entra: el desgaste normal por el uso y los daños por un uso indebido, como haberlo puesto sobre una base inadecuada o haberlo doblado.
En compra a distancia tienes 14 días naturales desde que recibes el producto para desistir sin dar explicaciones, según los artículos 102 a 108 del Real Decreto Legislativo 1/2007. Puedes desembalarlo y comprobarlo igual que harías en una tienda física; solo respondes de la disminución de valor si el manejo ha ido más allá de esa comprobación.
Con los colchones circula un bulo persistente: que no se admiten devoluciones una vez retirado el precinto por motivos de higiene. Es falso. El Tribunal de Justicia de la Unión Europea lo zanjó en su sentencia de 27 de marzo de 2019, asunto C-681/17: un colchón al que se le ha quitado la película protectora no queda excluido del derecho de desistimiento, porque puede limpiarse y volver a comercializarse, igual que la ropa que uno se prueba. Cualquier cláusula que diga «solo se admiten devoluciones sin abrir y en su embalaje original» es contraria a la norma.
Lo primero, comunicarlo dentro del plazo. Sirve el formulario oficial de desistimiento y sirve cualquier declaración inequívoca: un correo diciendo que desistes de la compra, con el número de pedido y la fecha, es suficiente. Lo importante es que salga dentro de los 14 días; que la devolución física llegue después no invalida nada.
Lo segundo, el transporte. Aquí un colchón es distinto de un par de zapatillas: una vez descomprimido ya no cabe en su caja original y no puedes recomprimirlo en casa. Lo habitual es acordar una recogida a domicilio con el vendedor en lugar de enviarlo tú por tu cuenta. Los costes directos de la devolución pueden correr de tu cuenta, pero solo si te informaron de ello antes de comprar; si no lo hicieron, los asume el vendedor.
Lo tercero, el reembolso. El vendedor debe devolverte todo lo pagado, incluidos los gastos de envío estándar de ida, en un plazo de 14 días naturales desde que recibe el producto o desde que le presentas la prueba del envío, lo que ocurra antes. Que lo devuelva por el mismo medio de pago que usaste es lo normal.
Consejo práctico: mientras estás en periodo de prueba, usa una sábana bajera y un protector transpirable desde la primera noche. No es obligatorio, pero mantiene el colchón en un estado que no dará pie a discusiones sobre disminución de valor si al final decides devolverlo.
Un colchón viscoelástico de 25 centímetros con zonas diferenciadas es una opción razonable si duermes de lado o boca arriba, si compartes cama con alguien que se mueve y si no eres de los que pasan mucho calor por la noche. Es peor opción si duermes muy caliente, si cambias de postura constantemente o si necesitas una superficie que devuelva empuje.
Antes de pagar, resuelve tres cosas: qué base vas a poner debajo, qué firmeza te corresponde por peso y postura, y qué datos técnicos te faltan de la ficha. Esa tercera es la que casi nadie hace y la que más dinero ahorra. Y ten presente que la ley te da catorce días para probarlo en tu propia cama, que es el único banco de pruebas que de verdad vale para ti.
Lo que más nos preguntan sobre este tipo de colchón. Si tu duda no está aquí, escríbenos.