Composición
100% algodón según la ficha. Es fibra natural: absorbe la humedad de la transpiración y la va soltando, en lugar de retenerla contra la piel.
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| Algodón | Microfibra de poliéster | Mezcla algodón-poliéster | |
|---|---|---|---|
| Transpiración | Alta: absorbe la humedad y la suelta | Baja: tiende a retener el calor | Intermedia |
| Tacto con el uso | Mejora tras los primeros lavados | Suave al principio, pierde con el tiempo | Estable |
| Bolitas (pilling) | Pocas si la fibra es larga | Frecuentes | Alguna |
| Arrugas | Se arruga | Apenas se arruga | Se arruga poco |
| Encogimiento | Encoge algo en el primer lavado | Prácticamente nulo | Bajo |
Comparativa cualitativa entre familias de tejido. No incluye datos de marcas concretas: los gramajes y precios de terceros no se pueden verificar desde aquí.
Esto es todo lo que consta en la ficha del proveedor. La medida de 180 x 270 cm corresponde a una de las piezas del juego, no al conjunto ni al ancho de la cama. El desglose por piezas, la densidad de hilos, el gramaje y las certificaciones textiles no aparecen en la ficha, así que no los damos por supuestos: comprueba la etiqueta cosida y el embalaje, o pregúntanos antes de comprar.
Solo lo que consta en la ficha del proveedor y lo que se puede afirmar del algodón como fibra.
100% algodón según la ficha. Es fibra natural: absorbe la humedad de la transpiración y la va soltando, en lugar de retenerla contra la piel.
Lavado a máquina siguiendo los símbolos de la etiqueta. Para algodón de color, 30 o 40 °C bastan y castigan mucho menos el tejido que un programa a 60.
Referencia para colchón de 105 cm de ancho. Si el juego incluye bajera, mide también la altura del colchón: es el dato que más devoluciones provoca.
El proveedor no publica el desglose por piezas, la densidad de hilos, el gramaje ni certificaciones. No los inventamos: revísalos en la etiqueta del producto.
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Esta página no publica valoraciones de compradores. Hasta hoy mostraba una nota media, un recuento de opiniones y tres comentarios firmados con nombre y ciudad. Nada de eso procedía de clientes reales, así que se ha retirado del texto y del marcado de datos estructurados.
Preferimos decírtelo a sostener una puntuación inventada. Lo que sí puedes contrastar está más abajo: qué consta en la ficha del proveedor, cómo se corresponden las medidas con el ancho de la cama, cómo se lava el algodón y qué derechos de devolución y garantía te amparan.
Si compras el juego y quieres contarnos qué tal ha ido, escríbenos desde la página de contacto.
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Leer artículoRespuesta corta: en un juego de sábanas para cama de 105 lo que tiene que encajar milimétricamente es la bajera (105 cm de ancho por el largo y la altura de tu colchón); la encimera siempre es bastante más ancha que la cama —del orden de 180 cm— porque necesita caída por los dos lados, y la funda de almohada se elige por el largo de la almohada, no por el de la cama. La medida 180 x 270 cm que aparece en esta ficha corresponde a una de las piezas, no al conjunto ni al colchón. Antes de comprar, comprueba en la etiqueta o en el embalaje qué piezas incluye exactamente la referencia.
La ropa de cama es de los pocos productos del hogar que tocas ocho horas al día y que casi nadie compra con criterio. Se elige por el estampado, por el precio o por lo que había en el lineal, y luego llega el momento incómodo: la bajera no llega a las esquinas, la encimera se queda corta por un lado, o el juego encoge cuatro dedos en el primer lavado y ya nunca vuelve a ajustar. Esta guía va de evitar eso.
Lo que sigue explica, sin tecnicismos innecesarios, cómo se compone un juego de sábanas, cómo se traducen las medidas al ancho real de tu cama, qué significan de verdad el tipo de tejido y la densidad de hilos, cómo leer los símbolos de la etiqueta de lavado y cada cuánto conviene cambiar y jubilar la ropa de cama.
En España la expresión «juego de sábanas» no está normalizada. Bajo el mismo nombre se venden conjuntos de dos, de tres y hasta de cuatro piezas, y esa es la primera fuente de devoluciones. Conviene mirar el número de piezas antes que el estampado.
Es el formato más extendido para cama individual y de matrimonio. Incluye:
Es habitual en camas de 90 y 105, y a mucha gente le pilla por sorpresa. Suele componerse de encimera y funda de almohada, sin bajera, partiendo de la idea de que la bajera se compra aparte porque depende de la altura del colchón, que varía muchísimo de una casa a otra. También existe la combinación inversa —bajera y funda— en algunos catálogos.
Menos frecuente en el mercado español y más típico de importación: bajera, encimera y dos fundas de almohada, incluso en camas estrechas. Si compras un juego de cuatro piezas para una cama de 105, es probable que te sobre una funda.
La ficha técnica que publica el proveedor para esta referencia indica el nombre comercial, el modelo S2801110, el código EAN 8434211583724, la composición 100 % algodón y una medida: 180 x 270 cm. No detalla el desglose por piezas ni una medida distinta para cada una. Por lo tanto, aquí no se va a afirmar que lleve bajera, ni cuántas fundas trae, porque ese dato no consta en la información del proveedor.
Lo que sí se puede decir con seguridad es lo siguiente: 180 x 270 cm no es la medida de una cama de 105, ni la de su colchón. Es la medida de una pieza textil, y encaja con lo que en España se considera una encimera estándar para cama de 105. Si necesitas la bajera sí o sí, o si te importa el número de fundas, mira la etiqueta cosida y el reverso del embalaje antes de abrirlo, o pregunta por escrito a atención al cliente. Es literalmente el dato por el que más se devuelve un juego de sábanas.
Comprar ropa de cama por el ancho de la cama y no por la medida de cada pieza es el error más caro del textil de hogar: el juego no se estropea, simplemente no encaja.
El nombre comercial de una cama en España se refiere al ancho del colchón en centímetros: una «cama de 105» es un colchón de 105 cm de ancho. El largo más común es 190 cm, aunque cada vez se ven más colchones de 200 cm. A partir de ahí, cada pieza del juego tiene su propia lógica.
Estas son las equivalencias que manejan la mayoría de fabricantes españoles. Son orientativas: cada marca tiene su propia horma y las diferencias de cinco o diez centímetros son normales.
| Cama | Bajera (ancho x largo) | Encimera (ancho x largo) | Funda de almohada |
|---|---|---|---|
| 90 cm | 90 x 190 o 90 x 200 | en torno a 160-170 x 270 | una, de unos 45 x 90-110 |
| 105 cm | 105 x 190 o 105 x 200 | en torno a 180 x 270 | una, de unos 45 x 110 |
| 135 cm | 135 x 190 o 135 x 200 | en torno a 210-220 x 270 | una de 45 x 135 o dos de 45 x 90-110 |
| 150 cm | 150 x 190 o 150 x 200 | en torno a 230-240 x 280 | dos, de unos 45 x 90-110 |
| 180 cm | 180 x 200 | en torno a 260-270 x 280 | dos, de unos 45 x 90-110 |
Fíjate en la fila de la cama de 105: la encimera ronda los 180 cm de ancho. Esa es la razón por la que en esta ficha aparece 180 x 270 cm y por la que ese número no debe leerse como «una cama enorme».
Una encimera tiene que cubrir el ancho del colchón y además caer por los dos laterales lo suficiente para que no se te destape medio cuerpo al girarte. La regla práctica: ancho del colchón más unos 35-40 cm por cada lado. En una cama de 105 eso da 175-185 cm, justo el rango de la medida de esta referencia.
Con el largo pasa algo parecido. Los 270 cm típicos salen de sumar el largo del colchón (190 o 200 cm), la caída a los pies y, sobre todo, el doblez de cabecera: esa vuelta de 30 o 40 cm que se dobla sobre la manta y que es lo que hace que una cama parezca bien hecha. Si compras una encimera «justa» de 240 cm de largo, tendrás que elegir entre remeter a los pies o doblar arriba, pero no las dos cosas.
La de 105 es una medida muy española y algo huérfana: demasiado ancha para la ropa de cama de 90 y demasiado estrecha para la de 135. Comprar el juego «de 90 que ya me apañaré» sale mal casi siempre, porque la bajera no da de sí y la encimera deja un lado al aire. Si tu colchón es de 105, busca la medida de 105 aunque tengas menos estampados donde elegir.
Si hay un fallo que se repite más que el del ancho, es el de la altura. Una bajera se compra por tres números, no por dos: ancho, largo y altura del colchón. El tercero es el que casi nadie mira y el que hace que la sábana se salga de las esquinas a las tres de la mañana.
Las bajeras se fabrican con una «bolsa» de una profundidad determinada. Las convencionales suelen cubrir colchones de hasta 25-30 cm. Los colchones actuales de muelles ensacados con capas de viscoelástica se van con frecuencia a 30-35 cm, y ahí una bajera estándar se queda corta: entra a presión, tira de las esquinas y salta con el primer movimiento. Para esos casos existen las bajeras de gran altura, con bolsa de 35 cm o más. Si tu colchón supera los 30 cm, revisa siempre este dato; tienes más detalle en la guía de sábanas para colchón alto.
Un truco que funciona cuando la bajera se sale a pesar de tener la medida correcta: colocar unas pinzas o tensores elásticos en las esquinas, por debajo del colchón. Cuesta poco y evita cambiar el juego entero.
Que una sábana sea de 100 % algodón, como esta, dice mucho pero no lo dice todo. El algodón es una fibra natural, transpirable y absorbente: aguanta bien la humedad de la transpiración nocturna y la va soltando, en lugar de quedársela pegada a la piel como hacen algunas fibras sintéticas. A partir de ahí, el tacto final depende de cómo se teje esa fibra.
Es un tejido de ligamento liso: un hilo por encima, un hilo por debajo, como el papel milimetrado. El resultado es una tela mate, con un tacto fresco y ligeramente crujiente al principio que se ablanda con los lavados. Es el tejido más transpirable de los tres clásicos y el más recomendable si eres de los que pasan calor por la noche o si vives en zona cálida. Es también el que más se arruga.
Ojo con el nombre: el satén no es seda, es una forma de tejer el algodón en la que cada hilo pasa por encima de varios antes de bajar. Eso deja más superficie de hilo a la vista y produce ese brillo suave y ese tacto deslizante. Cae mejor, se arruga menos y abriga algo más que el percal, porque el tejido es más cerrado. A cambio, es más delicado: los hilos flotantes se enganchan con más facilidad.
La franela es algodón perchado: se rasca la superficie del tejido para levantar las fibras y crear una capa de pelusa que retiene aire y da sensación de calor inmediato. Es ropa de cama de invierno. La coralina o el «pelo corto» de poliéster van en la misma dirección, pero con fibra sintética y menos transpirabilidad.
Es la alternativa barata. Al principio resulta suave, no se arruga casi nada y se seca muy rápido. Sus puntos flojos son conocidos: transpira peor que el algodón, tiende a formar bolitas con los lavados y acumula electricidad estática. Para una cama de uso ocasional puede compensar; para la cama en la que duermes todas las noches, el algodón sigue siendo mejor compañero.
| Tejido | Tacto | Transpiración | Arrugas | Mejor para |
|---|---|---|---|---|
| Percal de algodón | Mate, fresco, algo firme | Muy buena | Se arruga | Verano y personas calurosas |
| Satén de algodón | Liso, con brillo, deslizante | Buena | Pocas | Entretiempo y quien busca caída |
| Franela de algodón | Cálido, afelpado | Media | Pocas | Invierno y casas frías |
| Microfibra de poliéster | Suave al principio | Baja | Casi ninguna | Camas de uso ocasional |
La ficha de esta referencia indica la composición —algodón— pero no especifica el tipo de ligamento. Si el tacto concreto es determinante para ti, esa información suele venir impresa en el embalaje o en la etiqueta cosida.
Es el número que más se usa en publicidad y el peor entendido de todo el textil de hogar.
La densidad de hilos —thread count en inglés— es la suma de los hilos de urdimbre y de trama que hay en una pulgada cuadrada de tejido. Un tejido de 200 hilos tiene, por ejemplo, 100 en cada dirección. Hasta cierto punto, más hilos significan un tejido más tupido, más liso y más resistente al desgaste.
El problema es que ese «hasta cierto punto» llega antes de lo que sugieren los anuncios. En la práctica, por encima de unos 300 o 400 hilos la mano deja de notar diferencias, y por encima de 600 la cifra casi siempre está inflada. El truco habitual consiste en contar los cabos: si se teje con un hilo formado por dos o tres cabos retorcidos, algunos fabricantes multiplican, y una tela que físicamente tiene 250 hilos se anuncia como de 750. El tejido resultante no es mejor; a menudo es peor, porque para poder retorcer tantos cabos hay que usar fibras más cortas y de menor calidad.
Un número de hilos alto no garantiza nada por sí solo. La calidad de la fibra y el acabado del tejido pesan más que la cifra impresa en el paquete.
Sobre esta referencia concreta, el proveedor no publica ni la densidad de hilos ni el gramaje, así que aquí no vas a leer un número inventado para rellenar el hueco. Si ese dato te condiciona la compra, búscalo en la etiqueta del producto. Tienes el asunto desarrollado en la guía sobre sábanas de algodón egipcio, donde se explica por qué esa denominación tampoco es garantía automática de nada.
Toda la ropa de cama que se vende en la Unión Europea lleva una etiqueta con símbolos de cuidado. Son cinco figuras, siempre en el mismo orden, y entenderlas te ahorra estropear un juego en el primer lavado.
Para ropa de cama de algodón de color, 30 o 40 °C resuelven el lavado corriente y castigan mucho menos la fibra y el estampado que un programa a 60. Reserva los 60 °C para situaciones concretas —un proceso infeccioso en casa, un colchón con ácaros que te dan problemas— y asúmelo como lo que es: un lavado que acorta la vida del tejido.
Con el detergente, menos es más. El exceso no se aclara del todo y se queda en la fibra formando una película que apelmaza el tacto y amarillea los blancos. Y el suavizante, en ropa de cama, es discutible: recubre las fibras y reduce precisamente la capacidad de absorber humedad que hace cómodo al algodón. Si te gusta el tacto suave, un chorro de vinagre blanco en el compartimento del suavizante hace un papel parecido sin dejar residuo.
Las sábanas necesitan sitio para moverse. Meter un juego completo con toallas en un tambor lleno hasta arriba deja marcas de plegado permanentes y lava peor. Sacúdelas al sacarlas y tiéndelas estiradas, mejor a la sombra: el sol directo y prolongado es el gran enemigo de los estampados en color.
Sobre la plancha: si tiendes la encimera bien estirada y la doblas todavía con algo de humedad, en la mayoría de los casos te ahorras planchar. Cuando quieras plancharla, hazlo con el tejido ligeramente húmedo y por el revés si lleva estampado, para no quemar la tinta. Y la bajera, sinceramente, no la plancha casi nadie: queda oculta bajo tu cuerpo y el propio peso la alisa.
El algodón es una fibra natural y encoge. No es un defecto ni una estafa: es física del hilo. Durante el hilado y el tejido, las fibras quedan sometidas a tensión; el primer contacto con agua caliente las relaja y el tejido se contrae. En un algodón sin tratamiento previo, ese encogimiento puede moverse en torno a un 3-7 % en el primer lavado, y se concentra casi todo ahí: a partir del segundo o tercero, el tejido ya se ha estabilizado.
Qué implica en la práctica:
Un juego nuevo, además, mejora con el uso. El algodón alcanza su mejor tacto después de unos cuantos lavados, cuando las fibras superficiales se han asentado. Si la primera noche lo notas algo áspero, no lo devuelvas todavía: dale tres o cuatro lavados.
Aquí conviven dos preguntas distintas: cada cuánto se lava y cada cuánto se sustituye.
Como referencia general, una vez por semana para sábanas y funda de almohada. Cada noche dejas en la cama sudor, células de piel y restos de cosmética, y ese material es lo que alimenta a los ácaros del polvo. Hay situaciones que piden acortar el plazo:
Tener dos o tres juegos en rotación por cama es lo más práctico: uno puesto, uno limpio en el armario y otro en la colada. Además reparte el desgaste, así que los tres duran más que si machacas uno solo.
No hay una fecha de caducidad, pero sí señales bastante claras:
Con un uso semanal y un lavado cuidadoso, un juego de algodón decente aguanta varios años sin problema. Cuando le llegue el momento, no lo tires: el algodón viejo es una bayeta excelente, y los puntos limpios de muchos municipios y varias entidades sociales recogen textil de hogar.
Reunido todo lo anterior, este juego tiene sentido para ti si se dan estas condiciones:
Y probablemente no te encaje si tu colchón mide 135 o 150 cm, si buscas un tejido concreto —satén, franela— que la ficha no especifica, o si necesitas un dato técnico cerrado (densidad de hilos, gramaje, certificación textil) que el proveedor no publica para esta referencia. En ese caso, pregunta antes de comprar en lugar de fiarte de una cifra encontrada por ahí.
Al comprar por internet desde España tienes dos derechos que conviene tener claros, porque no dependen de la buena voluntad de la tienda.
Dispones de 14 días naturales desde que recibes el pedido para desistir de la compra sin tener que justificar el motivo y sin penalización, según los artículos 102 a 108 del Real Decreto Legislativo 1/2007. Ese plazo incluye el derecho a comprobar el producto: puedes abrir el paquete y examinar el juego igual que lo harías en una tienda física para ver la medida, el color y el tacto. Solo responderás de la disminución de valor si lo manipulas más allá de esa comprobación, por ejemplo si lo lavas o lo usas varias noches.
La única excepción que podría afectar a un textil de este tipo es la del artículo 103.e), que exige dos condiciones a la vez: que el producto venga precintado por razones de higiene y que lo hayas desprecintado tras la entrega. Fuera de ese supuesto concreto, el desistimiento se aplica con normalidad. Una cláusula del estilo «solo se admiten devoluciones sin abrir y en su embalaje original» no es válida.
La garantía legal de conformidad es de 3 años desde la entrega para los productos comprados a partir del 1 de enero de 2022, tras la reforma que introdujo el Real Decreto-ley 7/2021. Cubre las faltas de conformidad: que el producto no se corresponda con lo descrito, que llegue con un defecto de confección o que no reúna las cualidades que cabe esperar de él. No cubre el desgaste normal por el uso ni los daños por un lavado contrario a la etiqueta, y por eso conviene guardar el ticket o la confirmación del pedido junto con la etiqueta del producto.
Si te quedas con dudas sobre las piezas o las medidas exactas de esta referencia, escríbenos desde la página de contacto antes de comprar. Es más rápido que gestionar una devolución.
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